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29 octubre, 2016

La enfermedad y el permiso de estadía

Relato de hace algunos años. Una enfermedad repentina con el permiso de estadía vencido por unos días, bastó para que el derecho a la salud se esfumara.

Los años pasan y dejan su huella sobre nuestra salud como un 4x4 sobre un sendero fangoso. Hoy soy pesimista y tengo un buen motivo. Llevo tres noches sin dormir por culpa de mi sinusitis invernal. Me despierto de madrugada porque no estoy respirando. Y no sólo eso, mi nariz se ha vuelto más ruidosa que una tetera en ebullición.

Contándolo así parecería un problemita sin importancia. Ve al doctor para que te dé algo, me dirán ustedes. De hecho fui al consultorio de mi doctora y a la secretaria le expliqué que soy el tipo con la sinusitis y el asma, el que necesita el aerosol y las pastillitas, que no necesito una cita, la doctora sabe quien soy y me manda la receta directamente a la farmacia de abajo, donde iré luego a recoger mis medicinas apenas pueda. La señorita, educada y muy gentil, toma nota y me dice que pase por la farmacia en la tarde, luego de las cinco. Parece todo hecho pero no, aquel día no logro pasar, me resigno a transcurrir otra noche insomne y me consolo pensando que al día siguiente todo terminará y podré dormir en paz.
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29 marzo, 2016

Familia, migración y afectos incompatibles con la geografía

Vivir en un lugar lejano del propio terruño puede causar sacrificios insólitos y laceraciones insanables, no importa qué decisiones se tomen. No es fácil imaginar hacia qué tipo de dolor pueda conducir una vida en la que los afectos y la geografía sean incompatibles. Cuestión de elección o inconsciencia, llega un momento en el que la vida presenta la cuenta a cada quien por el rumbo que ha tomado. Estos son tres relatos de momentos difíciles, como los que enfrentan tantas personas migrantes, en este caso tres familias ecuatorianas en Italia.
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10 octubre, 2015

El pacto

Hubo pocas llamadas, sólo una o dos al inicio, cuando la necesidad de hablar con una voz amiga era más imperiosa. Luego se escribían siempre por el chat, por lo general el domingo. Por la mañana en Perú, por la tarde en Italia.

Las dos amigas nunca dejaron de encontrarse y contarse sus vidas. El chat les daba una sensación de cercanía, era un lugar fuera de la geografía. Poco a poco las conversaciones se volvieron más familiares, informales, aptas para contar.
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16 abril, 2015

Lacrimal

La noticia se me pasó por delante en el Facebook mientras leía distraído. El título estaba por salir de la pantalla de la computadora cuando lo aferré: “Muere Eduardo Galeano”. Abrí el enlace pero casi no logré leer el texto, solamente desfilaron ante mis ojos algunas palabras sueltas: cáncer, 74, ministerio, familiares, luto. Ni siquiera llegué al final de la página que ya estaba de pie, los ojos llenos de lágrimas, llamando a mi esposa. ¡Ilaaaaa! Cuando ella vino a ver qué pasaba y me encontró en ese estado primero se asustó. ¿Estás bien? ¿Qué pasó? Y yo repetía, se ha muerto, se ha muerto. Angustiada insisitió ¿quién? Y yo, Eduardo Galeano se ha muerto. ¿Quién es Galeano? Un escritoo-oo-or, dije sollozando. La alarma se esfumó de su rostro para dar lugar al desconcierto. ¿Estás llorando por un escritor?
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05 febrero, 2015

La italiana que decía “mancito"

Cuando nos conocimos, uno de los pretextos para salir juntos era que yo le enseñara a hablar español porque ese idioma siempre le había gustado. Por lo menos eso decía ella. Ahora, luego de más de diez años y dos hijos, su español no es perfecto pero conversamos sin dificultad. El problema, o el hecho, es que el español que yo le he enseñado está lleno de “itos” y de palabras que se entienden sólo si uno ha crecido bajo la mirada de la Virgen del Panecillo.

A veces nos presentan personas de habla hispana que no conocen bien el italiano y ahí es cuando la situación se puede volver algo comprometida. En general, luego de un inicio brillante en el que se conversa tranquilamente, llega un momento en el que se habla de personas conocidas que no están presentes. Yo le he sugerido que use vocablos como chico, joven, muchacho, amigo o señor. Hasta la palabra pana estaría bien porque es muy común. Imposible, llega siempre un momento en el que ella usa el famoso “man” para referirse a alguien que no está presente y como si no bastara, le aplica el infalible diminutivo que lo transforma en “mancito” o “mancita”.
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29 enero, 2015

Ustedes: peruanos y ecuatorianos


Veinte años de paz. El 17 de febrero se conmemora el aniversario de la declaración de Itamaraty, que puso fin al último conflicto entre Ecuador y Perú. 


Nos conocimos hace poco, asistiendo a un taller de teatro. Ella tiene unos 20 años, es una jovencita tímida y parece muy frágil. Hasta hoy hemos hablado poco ya que durante los ensayos no hay mucho tiempo para conversar. A la salida, a veces, algunos del grupo nos quedamos afuera para fumar en las gradas del teatro donde nos vemos una vez a la semana. Ella y su amigo rara vez se han sumado al grupo, por lo general se despiden y se van, diciendo que si no van a perder el bus.
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09 enero, 2015

Un restaurante de ensueño entre Italia, Egipto y Ecuador

Yo vivía en Italia desde hacía ya diez años, no dos meses, diez años. Adriana era una amiga de juventud, íbamos a los mismos lugares y compartíamos muchos amigos, nos veíamos en los conciertos de rock o en las fiestas. Formábamos parte de una jorga de amigos veinteañeros, cada quien con sus sueños y espectativas. Algunos iban a la universidad, otros ya trabajaban, otros no hacían nada, pero estando juntos nos divertíamos mucho. El tiempo pasaba de prisa y luego de pocos años el grupo se desintegró sin dolor. Cuando vine a Italia nos habíamos perdido de vista hace ya mucho tiempo, por eso cuando la encontré gracias a Facebook para mi fue una hermosa sorpresa.
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31 diciembre, 2014

Prohibido quemar años viejos

Aquí en Florencia no hay como encender fuegos por la calle, ni el último ni ningún otro día del año. El 31 de diciembre la gente asiste a conciertos en las plazas, va a fiestas privadas, a restaurantes, teatros o donde sea; hacen un montón de cosas pero quemar un año viejo por la calle no, no se les ha ocurrido, no hay esa posibilidad y es más, si ven que alguien quema algo en una acera llaman a la policía. Es difícil explicar a los nativos de estas tierras que para un ecuatoriano quemar el último día del año un monigote hecho a mano es algo muy importante, liberatorio y mágico.
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