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22 marzo, 2015

¿Sí…no?

¡Cierto no! Exclama reflexivo Washo cuando su mujer le increpa que no sea shunsho, que no deje descuidado el negocio que tanto esfuerzo les ha costado. En este caso el "no" no es negación, es reflexivo. No estoy seguro si en otros lados del planeta se den tamañas contradicciones donde el no, no significa no. Es un añadido que muestra distintos significados, dependiendo de la palabra que lo precede, entonación, intención, situación, etc. Otro ejemplo es el paradigmático: "gracias no". Para algún inexperto en dialecto ecuatoriano esto podría significar: no, muchas gracias o simplemente no, gracias. En realidad el interlocutor de la frase enfatiza con el "no" su agradecimiento y se asegura de que el mensaje esté completamente claro en el receptor algunas veces moviendo afirmativamente la cabeza.
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28 enero, 2015

Hitos de un idioma lleno de “itos”

Era de que venga más antes- me dijo la señora de la tienda cuando llegué a comprar pan en la noche y éste ya se había acabado. Ya que no pude comprar el pan le pregunté si podía hacer una recarga en mi celular y me contestó: -”Ahorita no tengo, venga más lueguito”-. Enseguida mi mente regresó a 15 años atrás, cuando una amiga en Argentina se reía con cara de asombro repitiendo : -“¿más lueguito...boludo?”-, mientras nos despedíamos y yo le invitaba a vernos luego de un rato. Y es que esas frases tan cotidianas para nosotros, pueden ser algo inentendible o motivo de risas para otros.
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31 diciembre, 2014

Hecho año viejo

Cada año el ritual se repite, mi primer recuerdo es de mi padre y madre dándole de correazos a un pobre muñeco tendido en el suelo. Como fondo la radio Tarqui con su clásico apagón, además de explosiones de distintos tonos por doquier. Yo seguía medio dormido, mis padres me hicieron despertar para el abrazo, y luego a comer y a bailar hasta que el cuerpo aguante.

Pero lo que acabo de describir sólo es el clímax de esta especie de exorcismo. Así lo entendí cuando crecí. El día anterior al 31 de diciembre había que ir a traer las ramas de eucalipto para construir la última morada del sujeto en cuestión: el año viejo. Si la vía era principal o la barriada estaba especialmente entusiasmada, se construía una tarima para que el personaje se luzca en su último día. Luego en la mañana se rellenaba con esmero de aserrín uno o varios personajes, según la necesidad dramatúrgica de la escena. En el caso de mi casa la escena siempre era política, de crítica y sátira contra el gobernante de turno. Para esto se preparaban audaces frases en cartulinas y papeles, cosa inaudita e impensable en la actualidad.
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