Dedicado a todos los Washington, Darwin, Wellington, Rommel, Hitler, Lenin, Stalin y
demás.
Ya es vieja la historia de los nombres raros en el Ecuador. Sin hablar del caso particular de Manabí, donde el nivel de virtuosismo es inigualable, muchos nombres que son normales dentro del país pueden provocar más de una pregunta fuera de sus fronteras. A veces hasta con ingenuidad, la gente que no está preparada se sorprende. Muchas veces para el migrante éste es un tema de conversación y para explicar a las nuevas amistades por qué nos llamamos así, a veces toca enfocar la situación por puntos.
Primero, es casi seguro que el nombre
haya sido escogido sólo porque sonaba bonito. Era agradable y punto,
sin implicaciones históricas ni ideológicas. Es una cuestión de
oreja. Por eso es que un apellido se puede tranformar en un nombre. O
sea que si un chico se llama Washington, es porque a sus padres les
gustaba ese nombre y no porque fueran admiradores del primer
presidente de Gringolandia.
Segundo, una vez que un nombre aparece,
nos apropiamos de él y lo transformamos. Es obvio que usaremos el infalible diminutivo, que todo lo que toca lo
vuelve más bonito. Por eso Washington se vuelve Washito o Washo. Los
nombres originales serán usados sólo en ocasiones formales, ya que
en la mayor parte de su vida el sujeto en cuestión sabe muy bien que
aunque se presente como Darwin, en realidad lo llamarán Darwincito.
Tercero, es verdad que algunos nombres
(o apellidos) famosos pueden herir algunas susceptibilidades, sobre
todo cuando se trata de personajes de la segunda guerra mundial, la
misma que en Europa aún se recuerda con dolor. Imaginen al nieto de
una persona muerta en un campo de concentración cuando escucha que
el señor sudamericano que acaba de conocer se llama Hitler. Cuando
sucede esto es sólo cuestión de aclarar, volviendo al punto uno.
A veces trato de imaginarme como sería
si pasara lo contrario, con norteamericanos o europeos que usaran
como nombre propio el apellido de algún personaje importante de la
historia ecuatoriana. Alfaro Harris, mucho gusto. Espejo Moretti para
servirle. Imagino que yo también preguntaría.
Quarto y último, esta historia de los
nombres raros no sucede sólo en Ecuador, basta recordar que en los
últimos veinte años acá en Italia han aumentado mucho nombres como:
Kevin, Dylan, Ryan, Sharon o Nícolas con tilde en la i. Así que como ven, le puede suceder a cualquiera.

